Michoacán, México.-En el interior de un almacén vacío, un hombre gordo comiendo carne de res y tortillas cuenta cómo a la edad de 18 años quería convertirse en un agente de la DEA (Administración para el Control de Drogas). Hoy, 14 años después, él está a cargo de ocho sicarios de Los Caballeros Templarios, un cártel que en su momento llegó a ser muy poderoso en el estado de Michoacán, México.
"A veces me pregunto si todo ha valido la pena", dice refiriéndose a la guerra que ha librado con otros cárteles de la droga y exmiembros de su grupo que se han unido a equipos de autodefensas, apoyados por el gobierno. "Debimos haber escondido las armas enseguida y huido. No tenía sentido pelear, y muchos de mis compañeros seguirían con vida el día hoy", agrega.
Estamos ahora en otra lugar de Michoacán, frente a un hombre más viejo y regordete, que alguna vez fue Templario, pero que ahora es líder de un grupo de autodefensas, integradas por excombatientes del cártel que aseguran haber dejado atrás el crimen, aunque se ríen de la posibilidad de bajar las armas.
"Si no cargo ningún arma, los malos van a matarme", dice el líder de las autodefensas, mientras coloca a la sombra de un árbol de mangos un plato de birria.
'A veces me pregunto si todo ha valido la pena'.
La historia de estos dos hombres, antes aliados y ahora enemigos, a quienes llamaremos Luis y Pancho, ayuda a explicar por qué Michoacán sigue estando entre las regiones más conflictivas de México a lo largo de casi una década de la llamada 'guerra contra las drogas' que ha dejado más de 100.000 muertos.
La violencia despegó después de que el presidente Felipe Calderón lanzara una campaña contra los cárteles luego de haber sido electo en diciembre de 2006. La ofensiva comenzó en Tierra Caliente, una región de Michoacán, su estado natal.
El sucesor de Calderón, el presidente Enrique Peña Nieto, hizo poco para modificar la estrategia cuando asumió el poder en 2012. Su gobierno afirma que ha detenido a los Templarios y ha logrado controlar a los grupos de autodefensas que surgieron para combatir al cártel.
Sin embargo, la historia en Tierra Caliente es muy diferente. La región no solamente está sufriendo las heridas de la violencia en los últimos años, también es ahora hogar de al menos 13 grupos criminales armados, la mayoría de ellos dominados por Templarios y exmiembros del grupo. La pregunta para muchos es cuándo la violencia estallará de nuevo.
La violencia entre éstos grupos es todavía una constante en la región, y el gran despliegue de fuerzas federales ha hecho que mantengan un bajo perfil en la ciudad de Apatzingán, otrora bastión de Los Caballeros Templarios.
Esta situación cambia a unos minutos de distancia, más allá de los límites de la ciudad. El paisaje va dejando atrás las colinas para dar paso a montañas escarpadas y empinadas, en donde los habitantes han cultivado marihuana por más tiempo del que cualquiera pueda recordar, y donde las "cocinas" producen metanfetaminas, adaptándose así a los gustos contemporáneos de Estados Unidos.
La fortaleza o centro de operaciones de Luis, el sicario templario, se encuentra a unos 40 kilómetros de Apatzingán, y llegar ahí nos obliga a cruzar por el territorio rival marcado por la presencia de 'punteros' o 'halcones', jóvenes empleados para reportar cualquier actividad sospechosa a través de radiocomunicadores. El feudo del grupo enemigo termina en un río y un puente de concreto conocido por los lugareños como "la frontera".
'Muchos de mis compañeros seguirían con vida el día hoy'.
A partir de ahí, el asfalto del camino da paso a caminos de tierra llenos de zanjas que desafían al conductor más experimentado. Debemos serpentear a través de grandes campos de matorrales y de una monotonía sólo interrumpida por una escasa población de altos cactus.
Los episodios clave de los múltiples conflictos de Tierra Caliente han dejado su marca en esta parte de la región: ahí está el templo color durazno que se encuentra en la parte más baja de una pequeña colina y que luce devastado.
El templo fue construido para conmemorar el lugar donde balas disparadas por un helicóptero de la policía en diciembre de 2010 habrían matado a Nazario Moreno González, también conocido como El Chayo o El más loco. O al menos eso fue lo que dijo el gobierno mexicano de Felipe Calderón en aquél momento.
Un sicario limpia una Barrett .50mm
Luis habla sobre sus días como estudiante en Área de la Bahía de San Francisco, Estados Unidos, cuando soñaba con derribar narcos como agente de la DEA. Dice que todo se desmoronó cuando su hermano fue atrapado por dirigir una operación de cristal y él pasó cuatro años en prisión antes de ser deportado a México en 2006, aunque asegura que nunca estuvo involucrado.
Se unió a La Familia y luego siguió a El Chayo hasta los Templarios, a quien le fue leal cuando las cosas se pusieron difíciles. Lamenta la "traición" de aquellos que se unieron a las autodefensas y se convirtieron en contras, o enemigos, de un día para otro. Recuerda todavía la guerra que libró antes de que se le ordenaran mantener un perfil bajo a mediados de 2014.
El sicario dice que lideraba la capital del estado, Morelia, donde vivía en paz junto con su esposa y sus dos hijos pequeños, hasta que alguien llegó a su casa a atacar a su familia. Golpearon a su esposa y asustaron a sus hijos: "sé quiénes fueron, sé dónde están. Esto se arreglará cuando llegue el momento".
Luis dice que estableció su nueva unidad de Templarios en el lugar en que ahora está, en enero de este 2016. Insiste en que todo está tranquilo, pero la calma no impide que los francotiradores que rodean las colinas en las que nos encontramos vigilen en todo momento, posibles incursiones de otros grupos armados.
Uno de ellos es el grupo al otro lado del río entre la fortaleza de Luis y la ciudad de Apatzingán. Otro grupo de enemigos tiene su base detrás de las altas colinas que rodean el poblado.
Esta es la razón por la que el equipo duerme en un campamento itinerante justo afuera de la aldea. También explica por qué toman sus cosas y se alistan para salir de la fortaleza tan pronto como el radio de Luis arroja un reporte sobre disparos en una comunidad cercana.
Tales enfrentamientos no se comparan con las ofensivas a muerte que alcanzaron un pico cuando La Familia se separó y se formaron los Templarios en 2010, o cuando las autodefensas se enfrentaron a éstos últimos en 2013 y 2014.
Sin embargo, las muertes son un reto constante para las declaraciones del gobierno, que asegura que Tierra Caliente ha dejado atrás la violencia. Son también un recordatorio de que las líneas divisorias entre los miembros de los cárteles, exmiembros y autodefensas son casi siempre difusas.
El caso de Pancho es una clara muestra de cuan delgada puede ser la línea entre buenos y malos, entre los autodenominados combatientes por la libertad y los narcos.
Él dice que abandonó los Templarios porque se hartó del sofocante autoritarismo de los líderes del cártel. Cuenta que se unió al movimiento de las autodefensas cuando comenzó a parecer lo suficientemente fuerte para enfrentar al cártel.
En teoría, Pancho y las autodefensas ganaron. Y después de haber sacado a los Templarios, fueron parcialmente integrados a las fuerzas estatales a través de un nuevo cuerpo conocido como Policía Rural, el cual fue, de nuevo en teoría, desmovilizado por completo en el mes de mayo.





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